19/07
En esta noche de medialunas espesas, de huracanes vivos y escombros que no dejan pasado ni futuro, me encomiendo a la profunda soledad que siento. Una soledad, acompañada de la tristeza más devastadora e inquietante que jamás haya podido sentir. Una soledad que me tiene buscando refugio donde no existe espacio para mi dolor. Una soledad, triste y sola. Una soledad, cubierta de pellejos grises, manos heladas, ojeras moradas, cabello hecho de una maraña de hilachas ralas. Cabizbajo y con la espalda encorvada, se presenta ante mí la soledad. Soledad que algún día fue esperanza. Esperanza de olvidar. Esperanza de perdonar. Soledad que hoy no es más que una cama vacía, esperando a ser ocupada.